El calerizo

10 Enero, 2008

Todos en Cáceres conocen esta zona que, sin ser barrio, cualquiera localiza extendiendo el brazo en dirección a la estación de ferrocarril. Lo hemos relacionado con las minas que funcionaron en esa zona hace ya años, con el agua (nuestra ciudad ha bebido de las reservas que hay en el subsuelo hasta hace bien poco, gracias a pozos de sondeo), con las cuevas que se localizan en este amplio área (Maltravieso).El arroyo Sanmarquino brota de él, y corre por esa zona tan cacereña, surtiendo de fuentes tradicionales a la ciudad (fuenteconcejo, fuentefría,…).Jamás nadie temió al calerizo, y resulta que últimamente hablar de él es temblar. Se emplea como una escusa para cualquier obra que pretenda hacerse sobre o próxima a esta zona de la ciudad. Lo último: la excusa de la alcaldesa para no optar por mantener la estación del futuro AVE en la situación actual, que por cierto dicen que traería consigo el soterramiento de 7 km de vía (a mí se me acaba la ciudad mucho antes, no sé cuál es la cuenta que han echado y quién la ha hecho).El calerizo es únicamente una zona de calizas, roca soluble, que presenta con frecuencia cuevas, y que si bien en esta zona de España no es normal que aflore (dominan el granito, las pizarras, las cuarcitas), en otras no ocurre lo mismo. Así, en la España calcárea no pierden el tiempo en hacer estos comentarios, y buscan soluciones para nada extrañas o especialmente caras.No me imagino a nuestra alcaldesa andando por Tarragona (por citar una de tantas hermosas ciudades sobre este tipo de terrenos, por cierto también Patrimonio de la Humanidad), atemorizada por los hundimientos que pudieran producirse bajo sus pies.Creo que los argumentos de esta índole, para este tipo de decisiones, deben quedar en manos de los técnicos que actualmente evalúan las distintas soluciones, mientras que los ciudadanos debemos argumentar con aspectos “más de la calle”, relacionados con la comodidad, la accesibilidad, las sinergías que pueda generar en su entorno, los servicios que arrastra,…Y basta de meter miedo con el calerizo, por favor, vuelvan ustedes a lo de “que viene el lobo”, más tradicional e infantil.

Hoy en día estamos habituados a escuchar recomendaciones sobre el reciclado doméstico de basuras. Seguro que todos, de algún modo, respondemos afirmativamente a la pregunta ¿recicla usted su basura en casa? Separamos las pilas, el papel, los residuos orgánicos,… Incluso tenemos cubos de varios colores en casa para no confundirnos.

¿Todos? En fin, siempre nos queda la excusa de que no tenemos contenedores próximos para arrojarla una vez la hemos clasificado, y entonces surge un problema clave: nuestro concepto de “cerca”. Cerca es la esquina de la calle, nuestra manzana, nuestro portal, la puerta de casa,… ¿No vio todo el mundo en su infancia las clases magistrales de Coco en “Barrio Sésamo”?

Aún aceptando la voluntad que todos tenemos de colaborar, y teniendo en cuenta que el concepto de reciclaje parece que no se presta a la confusión, existe una segunda cuestión en la que ya, las cosas se complican:

¿A qué hora se debe sacar la basura a la calle?

Y una tercera incluso: ¿hace falta arrojarla al interior del contenedor, o es válido dejarla junto a él? ¿Qué distancia es aceptable?

Estas preguntas comparten la característica de tener respuestas personalizables para cada ciudadano, y sin embargo esta debiera estar arropada por un único concepto: el civismo.

La basura es de cada uno, por cuanto ha sido él quien la ha generado, y por tanto quien la debe sufrir. A la calle se saca al final del día, especialmente en verano, pues los olores no se comparten con el resto de vecinos, y sí, el mecanismo de apertura del contenedor es muy sencillo, ¡utilízalo!

Es increíble que en los tiempos que corren, todos tengamos vecinos despechados que arrojan la basura a la calle por la mañana, quien la sitúa junto al contenedor, o más bien la arroja. Al menos alguien debiera hacer que se sonrojaran, que se avergonzaran de sus actos.

Estos conceptos, asociados a la educación de cada uno, deben además transmitirse a los más pequeños, no son conocimientos que deban adquirirse en la escuela. ¿O acaso algún capítulo de la nueva asignatura de Educación para la ciudadanía recoge esta lección?

Y aquellos que estudiamos latín, lengua española u otras asignaturas secundarias, ¿estamos disculpados de este comportamiento? ¿Nos las convalidan?