Me llamó la atención, hace escasos días, coincidiendo con la visita de Al Gore a España a exponer sus teorías (y cobrar por ello, eso sí, amortizando un viaje a Oviedo para la ceremonia de los premios Príncipe de Asturias), leer el comentario a cerca de lo perjudicial que puede llegar a ser la necesidad que se ha creado de viajar en los puentes, fines de semana, etc…, aprovechando ofertas de vuelos, visitando capitales europeas en viajes relámpagos de 2 ó 3 días.

Esta suculenta operación para las agencias de viaje y compañías aéreas, encuentra sus detractores por el incremento de la contaminación que conlleva (aumento en el número de vuelos cortos, de dos o tres horas de duración, que antes nadie se plantearía).

Y es que todo es criticable, y encontrar el equilibrio no es tan sencillo como dar charlas mediáticas apoyadas en una didáctica keynote.